El poder de un propósito

07/25/2016

Propósitos y metas se emplean como palabras intercambiables, como si fueran lo mismo. Pero se trata de dos formas muy distintas de ver el futuro. Porque los propósitos no se agotan. En lugar de plantearse como cifras, como cargos, como conquistas, se plantean como acciones permanentes cargadas de sentido; como poderosos combustibles para la vida que no dependen de resultados precisos pero que le dan sentido a todas las acciones. Y aunque puede llegar a ser necesario plantear indicadores, resultados y metas, estos comprometen solo un aspecto humano: su aspecto competitivo y organizativo, dejan de lado el inmenso potencial de compromiso y de pasión que pueden ofrecer los propósitos. Por eso decimos que las metas son puntos de llegada y los propósitos, puntos diarios de partida. Que las metas cambian el mundo desde afuera y los propósitos, transforman el mundo desde adentro.

Pero para llegar a un propósito y apropiarse de él como lo más valioso, es necesario hacer una inmersión a sí mismo y rescatar en ese viaje, aquellas acciones con las cuales la vida cobra sentido: crear, divertir, aprender, trascender, amar o servir, son por ejemplo, potentes motores que impulsan a vivir y que no se agotan por más metas que se alcancen. Lo mismo sucede con las comunidades, las empresas y las ciudades, quienes pueden buscar en su esencia, propósitos que las muevan a proyectarse para impactar el mundo a su manera. Y en este caso no serán las personas, sino los equipos inspirados y convencidos. Así, un propósito compartido cobra sentido hacia el pasado, porque responde a la esencia; hacia el presente, porque impulsa el día a día; y hacia el futuro, porque interviene y transforma la realidad.

Por eso estamos convencidos de que crear y compartir propósitos es un motor para el desarrollo, un motor para crecer y construir.