Historias cortas de la vida real: conversaciones auténticas

06/20/2019

Lo importante de una conversación no es la conversación en sí misma, sino la conversación que hay que tener unos días después de haber digerido la primera.

Una vez tuve que afrontar una conversación difícil con un miembro del equipo. Era difícil porque lo que iba a decir era realmente un asunto que yo percibía y quería validar si estaba en lo cierto o no. De alguna manera me había hecho un juicio ante una situación y no quería quedarme pensando de una u otra forma, prefería, por la confianza que le tengo al equipo y puntualmente a esa persona afrontarlo preguntándole de forma sincera y directa.

Una vez tuvimos la conversación me alegré de estar equivocada y pedí disculpas solo por el hecho de haber desconfiado sin argumentos, pero ¿qué pasó? no dimensioné que la otra persona iba a pasar una mala noche e incluso una mala semana por solo haberme permitido pensar eso de ella. Posterior a esto de forma valiente se me acercó y me pidió que tuviéramos una segunda conversación y me expresó que quería entender bien cuáles habían sido las señales para que yo me hiciera ese juicio. Finalmente traté de expresar todos los puntos y ser muy transparente en lo que pensaba y decía y finalmente hubo tranquilidad en ambos lados.

**Líder de Mercadeo de 35 años con una Coordinadora de Proyectos de 24 años

¿Qué lección nos queda?

1. Una conversación no es suficiente: siempre es importante saber que después de una conversación vendrán días y noches digiriendo lo que se habló, lo que lleva de forma obligada a tener otra conversación. No dejemos nunca una conversación abierta para que no quede en el disco duro o nos haga incomodar o desconectar.

2. Poder confiar en el otro: la confianza es la clave para que ambas partes tengan la valentía de decir post conversación que no hay tranquilidad frente a lo hablado o que hay algún punto que quieren profundizar, evitando así sinsabores y malos ratos que desconecten y bajen el engagement.

3. Conversar es mostrarse auténtico: decir lo bonito, lo malo y lo feo. Cada uno en su justa medida y con el tono adecuado. No nos excedamos en lo mejor que tiene el otro, ni hablemos solo desde lo negativo, pero eso sí, lo que se tenga que decir que salga del alma porque palabras forzadas o demasiado planeadas son evidentemente muestra de que no es una conversación genuina, sino “parte de las meta que tengo que cumplir”. 

Lo importante es conversar, crear el hábito. Una vez se tiene el hábito de conversar se va puliendo la forma de hacerlo. Pero sin el hábito no habrá mejores relaciones de equipo, más confianza y al final una verdadera transformación.

#CarameloEsCooltura.