Y también en cultura: “hagámoslo simple para que contagie”

11/06/2018

“Un amigo de un amigo nuestro, que llamaremos Dave, que viaja frecuentemente por negocios, hace poco estuvo en Atlantic City para reunirse con unos clientes importantes y cuando terminó la reunión, como le sobraba tiempo antes del vuelo, decidió tomarse algo en un bar de la zona.

Acababa de terminarse la primera copa cuando una mujer atractiva se le acercó para invitarle a la segunda. Sorprendido y halagado, aceptó la invitación. La desconocida se dirigió hacia la barra y regresó con dos copas, una para ella y una pare él. Le dio las gracias, tomó un sorbo y a partir de ahí ya no se acuerda de nada más.

O, mejor dicho, eso es lo último que recuerda hasta que se despertó, desorientado, en la bañera de un hotel con el cuerpo sumergido en cubitos de hielo. Miró a su alrededor frenéticamente, intentando averiguar dónde estaba y cómo había llegado hasta allí. Entonces vio una nota que decía: “No se mueva. Llame al 112″.

Sobre una mesita junto a la bañera había un teléfono móvil. Lo cogió y marcó el 112 torpemente, con los dedos entumecidos por el frío. La operadora, que curiosamente estaba familiarizada con la situación, le dijo: ”quiero que mueva la mano lentamente y con cuidad hacia atrás. ¿Siente un tuvo sobresaliéndole por la parte inferior de la espalda?”.

Angustiado, palpó a tientas y allí estaba el tubo, la operadora continuó: “Por favor, mantenga la calma. Le han extraído un riñón. Hay una red de tráfico de órganos en la ciudad y han dado con usted. Una ambulancia va de camino; no se mueva hasta que llegue”.

Acaba de leer una de las leyendas urbanas de mayor éxito de los últimos quince años, cuyo primer indicio es el típico comienzo de toda leyenda urbana: “un amigo de un amigo…”. ¿Se ha dado cuenta que los amigos de nuestros amigos suelen llevar vidas mas interesantes que nuestros propios amigos?.

Comparemos la historia del robo del riñón con el siguiente pasaje extraído de un folleto distribuido por una organización sin animo de lucro. Comienza así: “La cimentación comunitaria integral se presta de forma natural a un racionalismo del rendimiento de la inversión, susceptible de ser modelado a partir de la práctica actual”. Si se toma 2 segundos y trata de contarle a un compañero este último párrafo ¿Lograría contarlo?.

La historia del robo del riñón es contagiosa, la comprendemos, la recordamos, podemos volver a contarla y, si creemos que es cierta, es capaz de modificar nuestra conducta permanentemente, al menos en lo que se refiera a aceptar bebidas de desconocidos atractivos.**

Y, ¿Qué tiene que ver con la cultura? La cultura es la forma en la que contagiamos los comportamientos que queremos que definan o moldeen nuestras compañías para alcanzar las metas y la estrategia. Y en el camino para lograrlo se nos está olvidando que para que todos compren la idea de lo que queremos lo debemos hacer simple.

Llevar un mensaje complejo solo está haciendo que nadie se conecte con lo que queremos movilizar. Hacerlo simple no es necesariamente fácil. Es claro, contundente, preciso y que logre contagiar, que logre que otros modifiquen su comportamiento e incluso quieran contarlo.

El afán de no dejar palabras importantes por fuera nos está llevando a hacer declaraciones demasiado extensas y difusas que no logran traspasar la barrera de un comité directivo. Incluso el mismo exceso de información hace que las personas pierdan credibilidad en el mensaje y su contenido.

A veces encontramos compañías que por no quedar por fuera de la tendencia, le van metiendo a las declaraciones de cultura nuevas palabras o van cambiando las actuales y lo único que hacen es que las personas pierdan confianza en el contenido y se desconecten. Porque a la hora de contarlo los invade inseguridad de estar diciendo lo correcto porque no recuerdan si fue lo último que el presidente quiso decirles. No lo graban en su memoria, el mensaje pierde emoción y capacidad colectiva de transmitirlo.

Si al finalizar de leer estas cortas palabras solo nos queda un mensaje y es: “Hagámoslo simple para que contagie” estamos convencidos que van a lograr mayor potencia en sus duros esfuerzos por mejorar la experiencia del colaborador y más aún en ese retador camino de transformar las compañías.

**Esta es una historia extraída del libro “Pegar y Pegar” de Chip Heath y Dan Heath.